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Una de las causas que más sufrimiento nos ocasionan a tod@s es no ser nosotros mismos. Y en la vida que llevamos nos encontramos con el desconocimiento de la importancia de esta información (aun teniéndola toda dentro de nosotros) y esa ignorancia nos lleva al desprecio de nuestra verdadera identidad. Y de primeras saldrán las voces más egocéntricas que dirán… Anda ya! Yo soy quien quiero ser…incluso se ofenderán o enfadarán. Otros más humildes ante esta observación se hundirán en un mar de confusión por no saber definirse y otros pocos (muy pocos) se rendirán a la más profunda aceptación. La auto-observación es el camino y la meditación es una buena herramienta, aunque no está exenta de obstáculos mentales a desaprender. Uno de ellos es el juzgarte. Y donde empieza ese juicio? Empieza en la más tierna infancia y viene determinada en que entorno la viviste, (padres y su educación, entorno social, y entorno geográfico, como viviste experiencias que te marcaron…) y ahí es donde se define el ego que el pobre ni es bueno ni malo es una adaptación de nuestro ser a esos entornos para adaptarnos y no caer en uno de nuestros miedos más arcaicos y primitivos del inconsciente colectivo a quedarnos fuera de la familia, de la sociedad. Antiguamente el que se quedaba fuera de la tribu lo más probable es que muriera (Y morirse otro gran miedo bien arraigado)

Cuando eres pequeño no tienes una formación para cuestionar y los padres son Dioses para ti. Y aparte somos esponjas de aprendizaje, y que aprendemos? Pues sobre todo lo que vemos a nuestro alrededor así que nos convertimos en copias de nuestros padres y lo aprendemos tan bien que pasa a nuestro inconsciente en forma automática como conducir. Más tarde en la adolescencia cuando buscamos apartarnos de nuestros padres y dar más importancia a los amigos, personas que elegimos libremente, entramos en rebeldía hacia ellos (les bajamos del pedestal de dioses porque empezamos a juzgarles y compararles) en una lucha por ser nosotros mismos con poder de decisión sin darnos cuenta que lo hacemos contra nosotros mismos (a esa copia impresa de nuestros padres en nuestro inconsciente)

Y los padres ni son buenos ni malos, son lo que son. Han aprendido a sobrevivir como han podido con sus habilidades y sus inhabilidades en entornos hostiles a ser uno mismo y salirse de la norma social como nos pasa a nosotros mismos.

Y ya cuando somos adultos sobre la cuarentena nos viene una crisis existencial sobre todo porque no se han cumplido las expectativas que nos indujeron en la familia y la sociedad (en lo más profundo que dejáramos de ser nosotros)

Y ponemos nuestra vida patas arriba si tenemos el coraje suficiente o nos hundimos en una personalidad triste y deprimida si pensamos que no podemos hacer nada al respecto y eso es lo que nos ha tocado vivir con resignación. A estos últimos les mando un mensaje esperanzador, ¡todavía hay esperanza! TU puedes cambiar y tener una vida mejor como tu quieres, solo tienes que coger las riendas de tu vida y tomar mejores decisiones para ti mismo. Algo que es muy fácil y a la vez tan difícil como tu pienses. En definitiva, hay que desaprender lo mal aprendido y que te limita inconscientemente. Hoy en día hay herramientas muy buenas para reprogramarte y os iré informando en próximos episodios. Esto acaba de empezar y el fin es mantener tu sonrisa interior, esa sonrisa que brota cuando tomas las decisiones adecuadas para ti.